Hacía bastante tiempo que no le dibujaba a Martina nada en la pizarra. Ella misma se encargó de recordármelo anoche. De manera que hoy, antes de marcharme a trabajar, tenía veinte minutos sueltos y he decidido hacerle un Tintín con su correspondiente Milú. Podía haber quedado mejor, he ido muy rápido, pero para el caso no importa: a Martina todos los dibujos que le hago le parecen obras maestras.


